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Destinos fuera de serie: Marrakech

por Lucy Sanzio

Es el auténtico diamante en el llamado cinturón imperial de Marruecos.

Pasar una tarde en la plaza más increíble del mundo: Jemaa el Fna, es una verdadera experiencia sensorial. Desde espectáculos y encuentros hasta intercambios comerciales, este lugar es sin duda un must dentro de los imperdibles.

Fascinante como ninguna, Jemaa el Fna es posiblemente la plaza más increíble del mundo, un micromundo donde pasan cosas alucinantes a cada momento

No menos interesante es perderse por el laberinto de la Medina de Marrakech, declarada Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. Sobre todo, en las calles más cercana a la Plaza, con ese zoco donde es posible comprar (regateando, claro) absolutamente de todo.

Pero lo que realmente hace atractiva a Marrakech es su dimensión universal y el hecho de que, como en toda urbe activa y de moda que se precie, los restaurantes, los locales de ocio, las tiendas y los hoteles andan siempre a la búsqueda de las últimas tendencias.

A la vanguardia

No muy lejos de la Plaza, en pleno bazar, está uno de los restaurantes con más éxito de la ciudad: Nomad. Es un decir lo de restaurante porque, aunque aquí se puede comer (y muy bien, por cierto), es realmente un multiespacio donde tomar un café de tarde (o un té a la menta), mientras se contempla el atardecer de la terraza, o un lugar ideal para las sobremesas post-cena, mientras se disfruta de la vista sobre los coloristas tejados de la ciudad. 

El planteamiento parece ya de por sí bastante atractivo. Pero es que este lugar, además, es un imán para artistas, intelectuales, gente de la moda e influencers, que encuentran aquí uno de los mejores ambientes de la ciudad.

Un concepto similar, aunque éste con una confesada vocación de sky bar, es el de Le Salama. Atardeceres y madrugadas con mucho glamour, ideales para tomar una copa o una cerveza (tienen hasta after hour, una rareza dentro de la Medina). Aunque también se puede cenar alguno de sus suculentos cuscús y taboulés.

Sky bar en Le Salama.

La meca del buen gusto

Quien quiera una cena de auténtico y exclusivo lujo, debe reservar mesa en alguno de los restaurantes de La Mamounia. Este clásico entre los alojamientos de Marrakech, vinculado a la Casa Real Marroquí, renueva sus cartas casi cada año, para adaptarse a los nuevos gustos y técnicas culinarias. Triunfan los sabores locales del restaurante Le Marocain, que se surte, en parte, de las huertas y jardines de plantas aromáticas del propio establecimiento. 

Pero también merece la pena degustar cualquiera de las propuestas de L’Italien (más informal) o Le Français. Este último, ideal para la cena, ofrece una fantástica cocina de producto y autor y requiere de etiqueta.

Hoteles con Glamour

Desde luego, algunas de las mejores propuestas de Marrakech se encuentran en sus hoteles de lujo. Es el caso de Mandarin Oriental, cuya piscina se convierte, con el buen tiempo, en uno de los lugares más agradables de la ciudad.

Grandes hoteles como La Mamounia, Mandarin Oriental y Barceló Palmeraie son también excelentes opciones para cenar o tomar una copa en clave chic

Entre palmeras y una exuberante vegetación y con las montañas del Atlas de fondo, un baño en esta piscina es el mejor aperitivo para una comida en el restaurante Pool Garden del complejo, bajo unas maravillosas pérgolas pobladas de buganvillas.

La vegetación tropical es también uno de los elementos significativos del hotel Barceló Palmeraie. De hecho, se encuentra junto al Palmeral de Marrakech, un espectacular y exclusivo entorno de 17 hectáreas de extensión y que es uno de los símbolos de esta gran urbe.

Alojarse en el hotel Royal Mansour, casi una ciudad dentro de la ciudad, es una de las experiencias más singulares en la vida de todo aquel que se lo pueda permitir

Este hotel de cinco estrellas ofrece a sus huéspedes todo tipo de lujos. Eso sí, está algo alejado del centro (a unos diez kilómetros) lo que, por otro lado garantiza tanto la tranquilidad como la privacidad.

Restaurantes de La Mamounia.

En el corazón de la Medina

Eso no quiere decir que en el laberinto de la Medina no pueda hallarse privacidad. Ni mucho menos. Justo en ese entorno es donde se encuentra uno de alojamientos más exclusivos (o, directamente, el que más) de Marrakech: el hotel Royal Mansour.

Prácticamente una ciudad dentro de la propia ciudad, este alojamiento es propiedad del Rey de Marruecos. En total, 53 riads o, mejor dicho, auténticos palacetes individuales, en los que los huéspedes se sienten como auténticos nobles. Ayuda la casi invisible presencia de un servicio que supera en número (y con mucho) al de los alojados.

De hecho, existen pasajes específicos, incluso túneles, para los empleados del hotel, de tal forma que en el desarrollo de su labor no se crucen con los clientes. Lógicamente, esto tiene un precio y, desde luego, no está al alcance de cualquiera. Pero, claro, alojarse aquí será, sin duda, una de las experiencias más singulares en la vida de todo aquel que se lo pueda permitir.

De compras por Dar el Bacha

Una última referencia, sobre todo para amantes de las compras chic, es la calle Dar el Bacha, muy próxima a la medina y bastante lejos en concepto a las típicas tiendas de souvenirs que asaltan a los visitantes en pleno zoco.

Aquí el ambiente es mucho más tranquilo y lo que se vende (objetos de decoración, textiles, complementos, joyas, arte, delicados pasteles…) muestra un buen gusto que se agradece.

En la calle de tiendas chic por excelencia merece la pena dar una vuelta por la coqueta librería Dar el Bacha y curiosear entre su selección de títulos internacionales de todo tipo de disciplinas

Por eso, este lugar es un foco de atracción para los nuevos creadores marroquíes, que encuentran aquí un buen lugar donde mostrar sus creaciones. Buen ejemplo es la librería Dar el Bacha, donde la madera y una increíble selección de títulos internacionales son absolutos protagonistas.

La Boutique Hanout, de la diseñadora marroquí Meriem Rawlings, las galerías de arte Khalid y Dar el Bacha, donde encontrar obras de artistas locales contemporáneos, pero también antigüedades y artesanías, el Hammam de la rose o el hotel Palais Khum son solo algunos de los rincones que no deben faltar en nuestra ruta.

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